Luego del restablecimiento de relaciones diplomáticas, ¿qué del Bloqueo?

Por Alejandro Torres Rivera / MINH

Nemesio Canales, extraordinario escritor puertorriqueño de las primeras décadas del pasado siglo, utilizando el personaje muy común a nuestros cuentos y los cuentos en otros países latinoamericanos del famoso ¨Juan Bobo¨, se preguntaba cómo si los trabajadores eran la mayoría del país, no eran ellos los que controlaran la Asamblea Legislativa para desde el ejercicio del tal poder, dictar aquellas leyes que fueran favorables a la mayoría del país, es decir, a la clase trabajadora. Hecha tal reflexión, indicaba que en ocasiones, ¨la lógica es la cosa más ilógica del mundo¨.

Si existe una legalidad internacional que proscribe el uso de la fuerza y de medidas económicas por parte de un Estado para someter a sus designios a otros Estados, lo más lógico es que existiendo relaciones diplomáticas recíprocas entre dos Estados éstos se subordinen en el marco de dichas relaciones, al derecho internacional vigente. En el caso del anuncio del restablecimiento de relaciones políticas y diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, esa misma lógica, si no la colocamos en el plano de la reflexión del personaje de Juan Bobo, debería plantearnos que no hay una razón lógica para que el restablecimiento de relaciones políticas y diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos no lleve más adelante al cese del bloqueo impuesto hace ya más de medio siglo contra este hermano país Antillano.

La Carta de la Naciones Unidas establece en su Artículo 1, Inciso 2, que uno de sus propósitos es desarrollar relaciones amigables entre las naciones a partir del respeto del principio de iguales derechos y libre determinación de los pueblos. De ahí que la Carta mandate dar aquellos pasos necesarios para alcanzar dicho propósito. Por su parte, la propia Carta dispone en su Artículo 2. 4 la obligación de los estados miembros de abstenerse, en sus relaciones internacionales, de todo tipo de amenazas o del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia de otros estados en forma inconsistente con los propósitos que ha elaborado la Organización de las Naciones Unidas.

La Organización de Estados Americanos, por su parte, ha consignado también en su Carta, que ¨…ningún Estado puede usar o estimular el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otro tipo para coartar otro Estado a fin de obtener de este la subordinación del ejercicio de sus derechos soberanos.¨ Valga destacar que Estados Unidos, tanto en el caso de la ONU, como en el caso de la OEA, un Estado signatario de ambos documentos constitutivos.

En el caso de otros organismos regionales y hemisféricos, como es en particular el caso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), del cual Estado Unidos no forma parte, igualmente el principio de la defensa de la soberanía e integridad territorial de cada Estado, así como la no utilización de la fuerza o coerción contra éstos, incluyendo medidas de naturaleza económica, está igualmente proscrito. Quien actúa en contravención de estos principios, actúa al margen de la legalidad internacional.

Existen también otros pronunciamientos o pactos internacionales dirigidos a fortalecer los principios adoptados por tales organismos como son, entre ellos, la ¨Declaración sobre la Inadmisibilidad de Intervención en los Asuntos Internos de los Estados¨, adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1965; la ¨Declaración sobre los principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los Estados de conformidad con la Carta de la ONU¨, de 24 de octubre de 1970; la ¨Carta de los Derechos Económicos y Deberes de los Estados¨, adoptada por la Asamblea General de la ONU de 1974; y los Artículos XI y XIII del ¨Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio de 1947¨(GATT), que reafirman y reglamentan las relaciones entre los Estados de acuerdo con los principios enunciados.

A pesar de todo ello, dentro del marco del ambiente de hostilidad de Estados Unidos hacia la naciente Revolución Cubana y dentro del marco de la Guerra Fría entre la entonces Unión Soviética y Estados Unidos, éste último impuso a Cuba, un conjunto de medidas de naturaleza económica tales como la negativa de empresas estadounidenses de procesar petróleo comprado por Cuba en la Unión Soviética a partir del mes de junio de 1960; la reducción de la cuota azucarera en 700 mil toneladas durante el mes de julio de 1960; la prohibición a las exportaciones por parte de Estados Unidos a Cuba (salvo alimentos y ciertos medicamentos) a partir de octubre de 1960; la suspensión de la cuota azucarera para el siguiente trimestre, a partir de diciembre de 1960; la ruptura de relaciones diplomáticas, a partir del 3 enero de 1961; la suspensión de la cuota azucarera para el resto del año, en marzo de 1961; la prohibición de todo tipo de asistencia al gobierno de Cuba y la autorización al Presidente de Estados Unidos de establecer un Bloqueo comercial a Cuba, en septiembre de 1961; la suspensión de toda la cuota azucarera del año, a partir de enero de 1962; y finalmente, a partir de las 12:01 de la mañana del día 7 de febrero de 1962, hora estándar del Este, la implantación del Bloqueo comercial a la República de Cuba.

La medida del Bloqueo impuesto a partir del 2 febrero de 1962 mediante la Orden Ejecutiva Número 3437 se amplió en el mes de marzo mediante otro decreto que prohibía que todo producto elaborado en un tercer país, que en todo o en parte fuera hecho con productos procedentes de Cuba entrara a Estados Unidos. En mayo de 1962 se produjo por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos la rescisión a Cuba del trato de ¨nación preferida¨, incluyendo tal preferencia bajo el GATT.

A partir de entonces, el gobierno de Estados Unidos continuó sumando nuevas restricciones a Cuba que incluyeron, en 1963, la reglamentación sobre los activos cubanos, prohibiendo transacciones entre el Gobierno e individuos cubanos y Estados Unidos; las transferencias de pagos o créditos, canje de divisas, importación o exportación de dinero o metales valiosos; bloqueo de los activos de Cuba en Estados Unidos; la prohibición de transacciones financieras: prohibición de viajes a Cuba y la prohibición de la importación de mercancías cubanas. En 1964 se sumaron a las medidas, la eliminación de productos que todavía Cuba podía comprar a Estados Unidos, como la mantequilla, y el embarque de medicamentos y alimentos. Otras medidas similares fueron tomándose año tras año contra Cuba dirigidas a reforzar el Bloque contra este país.

De lo que fueron medidas directas tomadas por Estados Unidos contra Cuba en lo relacionado con asuntos bilaterales entre los dos Estados, la política económica de agresión de Estados Unidos contra Cuba se amplió en la década de 1990 con otras medidas, esta vez adoptadas por el Congreso de Estados Unidos y convertidas en legislación, como fue el caso de la ¨Ley para la Democracia en Cuba¨ (Ley Torricelli) de octubre de 1992 y la ¨Ley de Libertad y Solidaridad Democrática con Cuba¨ (Ley Helms-Burton) de marzo de 1996. Mediante la primera, (Ley Torricelli), el gobierno de Estados Unidos prohibió a empresas de Estados Unidos ubicadas en terceros países llevar a cabo negocios con Cuba, a la vez que estableció sanciones económicas y prohibió a los barcos extranjeros que hicieran negocios en Cuba transportando mercancías a sus puertos, entrar en puertos estadounidenses hasta 180 días después de haber estado en Cuba. Mediante la segunda (Ley Helms-Burton), se elevó a nivel congresional todas las medidas de bloqueo hasta entonces tomadas por el Presidente de los Estados Unidos mediante órdenes ejecutivas, estableciendo 19 requisitos que tendrían que darse para que el Congreso autorice levantar el Bloqueo a Cuba. Veamos algunas de estas medidas.

En primer lugar, la Ley insta al Presidente de Estados Unidos a gestionar contra Cuba un Bloqueo a escala internacional como el que mantiene dicho país; segundo, se opone al ingreso de Cuba en seis organismos internacionales multilaterales de financiamiento y llama a que los mismos nieguen a Cuba todo tipo de préstamos; tercero, condiciona la ayuda de Estados Unidos a países que formaron parte del Campo Socialista previo a la caída de la Unión Soviética, a que las transacciones que realicen con Cuba sea estrictamente en los términos que define el mercado, es decir, sin subsidios de clase alguna; cuarto, reduce a Rusia cualquier ayuda monetaria de parte de Estados Unidos en una suma similar a la que dicho país invierta en Cuba por el arrendamiento de la base de vigilancia electrónica que desde la época de la Unión Soviética este país mantenía en Cuba; quinto, aumenta las transmisiones de Radio y TV Martí contra Cuba; sexto, retiene una misma cantidad en ayuda económica a todo país que invierta recursos a favor de que Cuba termine la construcción de la planta nuclear en Cienfuegos, la cual venía construyéndose desde la época de la Unión Soviética; séptimo, autoriza al Presidente de Estados Unidos a establecer una oficina de prensa en Cuba, pero sólo si a los periodistas que se envíen a la misma no se les limita en sus movimientos dentro de Cuba; octavo, instruye al Presidente de Estados Unidos a desarrollar un programa para asistir el gobierno ¨electo¨ que surja en Cuba una vez las medidas de reforzamiento del Bloqueo impuesto, desde el punto de vista de Estados Unidos, lleven a que la Revolución se venga abajo.

De acuerdo con los datos hechos públicos durante el debate llevado a cabo el pasado mes de octubre en las Naciones Unidas en ocasión de la presentación de la Resolución contra la permanencia del Bloqueo impuesto a Cuba, la cual se ganó con el apoyo del voto a favor de 188 países, dos países en oposición (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones (los Estados con los cuales Estados Unidos mantienen acuerdos de libre asociación en la región del Océano Pacífico), los costos que ha representado el Bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba se calcula ascienden a más de 116,800 millones de dólares; mientras que las multas impuestas por Estados Unidos a entidades que mantienen relaciones con Cuba sobrepasan la suma de 11,500 millones de dólares.

Otro asunto que seguro será materia de discusión en cualquier mesa en la cual se plantee lo relacionado con los daños causados por el Bloqueo a la República de Cuba será el tema de las expropiaciones efectuadas por la Revolución desde sus primeros años. Se nos ha inculcado que la Revolución Cubana confiscó, así sin más, múltiples propiedades de ciudadanos y corporaciones en Cuba sin que mediara la justa compensación, despojándoles de toda compensación.

Los datos, cuando se examina el proceso seguido por la Revolución Cubana desde los primeros años, establecen lo contrario.

La Resolución 1803 de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa a la ¨Soberanía Permanente sobre los recursos naturales¨ de 14 de diciembre de 1962 establece lo siguiente:

¨La nacionalización, la expropiación o la requisición deberán fundamentarse en razones o motivos de utilidad pública o de interés nacional, los cuales se reconocen como superiores al mero interés particular, o privado, tanto nacional como extranjero. En estos casos se pagará al dueño la indemnización correspondiente, con arreglo a normas en vigor en el Estado que adopte estas medidas en ejercicio de su soberanía y en conformidad con el derecho internacional. En cualquier caso en que la cuestión de la indemnización dé origen a un litigio, debe agotarse la jurisdicción nacional del Estado que adopte esas medidas. No obstante, por acuerdo entre Estados soberanos y otras partes interesadas, el litigio podrá dirimirse por arbitraje o arreglo judicial internacional.¨

Mediante la Ley Núm. 851 de 6 de julio de 1960, la Revolución estableció la expropiación forzosa de las propiedades en Cuba de aquellas personas naturales o jurídicas de Estados Unidos, así como el pago de las mismas según el valor que se reflejara mediante tasación. El hecho es que importantes personeros de la Dictadura derrocada por la Revolución y aquellos usufructuarios de la corrupción que la misma trajo consigo, conllevaron el saqueo en las arcas del Estado, despojando a Cuba en absoluto de recursos económicos para atender de inmediato las compensaciones producto de las nacionalizaciones efectuadas. A lo anterior se suman las sanciones que ya comenzaba a tomar contra la Revolución el Gobierno de Estados Unidos, las cuales precarizaban aún más la situación económica del Estado. Por tal razón el gobierno revolucionario dispuso mediante la referida ley que el pago a efectuarse a los afectados por las nacionalizaciones de bienes sería sujeto a la emisión de bonos de la República de Cuba, pagaderos en un plazo no menor de 30 años, con intereses computados al 6% anual.

Para viabilizar el pago de tales bonos se dispuso en la Ley que la amortización se llevaría a cabo mediante la utilización del 25% de los ingresos derivados en divisas correspondientes a las compras anuales de azúcar de los Estados Unidos a Cuba en exceso de 3 millones de toneladas largas españolas para consumo interno y a un precio no menor del 5.75 centavos de dólar la libre inglesa (precio preferencial que entonces pagaba Estados Unidos a Cuba por la compra de su azúcar). Se dispuso, además, que dichos pagos se consignarían en una cuenta especial denominada ¨Fondo para el pago de expropiaciones de bienes y empresas de nacionales de Estados Unidos de Norteamérica.¨

Para viabilizar quiénes tendrían el derecho a hacer tales reclamaciones, se determinó que las mismas fueran objeto de adjudicación por la ¨Foreign Claims Settlement Comission¨, la cual adjudicó un total de 8,816 reclamaciones  por un valor adjudicado de $1,799.6 millones. De éstos, $1,578.6 millones correspondieron a corporaciones y $221 millones correspondieron a individuos. En todos los casos se fijó el 6% de interés anual. Sobre el particular, tanto empresas estadounidenses, como ciudadanos entonces cubanos y hoy naturalizados estadounidenses o sus descendientes nacidos en Estados Unidos, podrían tener reclamos que hacer.

Tales deudas siempre han sido reconocidas por el Gobierno de Cuba y ha indicado que en su momento, cuando cesen las hostilidades entre ambos Estados y se desarrolle el correspondiente proceso de normalización de relaciones, dichas sumas serán también objeto de discusión y negociaciones con Estados Unidos, como lo son también millones de dólares de bienes cubanos confiscados por Estados Unidos a lo largo de los años. Sobre estos bienes algunos tribunales federales de Estados Unidos, ex parte, han embargado fondos para el pago de compensaciones adjudicadas a ciudadanos cubanos naturalizados estadounidenses o ciudadanos estadounidenses de origen cubano en demandas presentadas ante dichos tribunales.

En respuesta a la Ley Helms Burton, el Gobierno de Cuba adoptó el 24 de diciembre de 1996 la Ley Núm. 80, ¨Ley de reafirmación de la dignidad y soberanía cubana¨. Mediante ésta declara ilícita la Ley Helms Burton así como cualquier tipo de acto o colaboración, directo o indirecto, dirigido a implantar sus efectos en Cuba. La Ley a la vez reafirma la disposición del gobierno cubano a formalizar el pago de las obligaciones contraídas como resultado de las nacionalizaciones llevadas a cabo en los años iniciales de la Revolución, a tenor con los mecanismos establecidos mediante la Ley Núm. 851 de julio de 1960. La Ley también reivindica el derecho de Cuba a reclamar de Estados Unidos compensación por los daños infligidos por el Bloqueo y demás agresiones al país.

Ciertamente, tan complicado puede ser el proceso de resolver estas situaciones entre ambos países, como complicado y difícil fue el proceso que condujo a los recientes acuerdos anunciados el pasado 17 de diciembre mediante los cuales se informara el reinicio de relaciones diplomáticas y políticas entre ambos Estados. Se trata de muchos nudos que hay que desenrollar entre ambos países procurando que en ningún momento la cuerda se rompa. Si hay la voluntad para que así se desarrolle el proceso y que el mismo culmine, entonces podremos hablar de un total y absoluto restablecimiento de las relaciones entre ambos Estados, entre ambos pueblos. No es fácil la tarea y no tiene por qué serlo. Lo importante es que se trabaje con confianza y voluntad en la dirección correcta. Ese es el deseo de los que observamos, desde la distancia, tan importante proceso.

 

El histórico acuerdo alcanzado en el proceso de normalización de relaciones diplomáticas y políticas entre Cuba y EEUU

Por Alejandro Torres Rivera / MINH

De acuerdo con una de las leyes de la dialéctica materialista, los grandes cambios cualitativos siempre han estado precedidos de numerosos cambios cuantitativos. Estos cambios cuantitativos en muchas ocasiones se desarrollan de manera casi imperceptibles. De ahí que cuando se produce un cambio cualitativo, en la mayoría de los casos éste nos sorprenda preguntándonos cómo ha sido posible llegar al mismo sin percatarnos de su eventualidad.

Los cambios cualitativos constituyen importantes hitos en el desarrollo de las relaciones sociales, políticas y económicas. Impactan la historia con tanta fuerza que sus efectos suelen medirse a través de generaciones hasta que otros cambios de igual contenido y naturaleza ocupen el nuevo escenario histórico.

En el contexto hemisférico, uno de esos grandes cambios cualitativos durante el pasado siglo fue el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro. de enero de 1959. Para los pueblos de América Latina, la Revolución Cubana constituyó un importante paradigma antiimperialista y un ejemplo a seguir en la defensa de la soberanía nacional y la justicia social. Tal triunfo, sin embargo, generó su contrario desatando la reacción imperial, promoviendo dictaduras que sembraron de muertes y desolación los pueblos que se rebelaban contra sus designios, y claro está, recurriendo a todo tipo de mecanismos dirigido a revertir las conquistas alcanzadas por los pueblos en lucha.

A raíz del triunfo de la Revolución Cubana, diversas medidas de naturaleza económica y política adoptadas por el nuevo Gobierno Revolucionario llevaron al deterioro de las relaciones entre Estados Unidos de América y la República de Cuba. La razón de ser de tales medidas fue el compromiso contraído desde sus inicios por la Revolución Cubana con los obreros, campesinos y sectores de la pequeña burguesía patriótica y antiimperialista, dirigidos a atender las grandes necesidades de su población así como la defensa de su soberanía nacional. La respuesta de Estados Unidos a las medidas adoptadas por la naciente Revolución culminó en la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos a partir de enero de 1961. A la ruptura de relaciones siguieron otras medidas de naturaleza económica y militar con las cuales Estados Unidos pretendía someter la voluntad de lucha del pueblo cubano

Entre las medidas económicas, efectivo a las 12:01 de la mañana del día 7 de febrero de 1962, el gobierno de Estados Unidos de América tomó la decisión de imponer sobre la República de Cuba un embargo de sus bienes financieros dentro del territorio estadounidense y de bloqueo económico contra el país. Al día de hoy la mayoría de tales medidas permanecen en vigor a pesar de las múltiples resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas condenando el Bloqueo y pidiendo el cese de las sanciones adoptadas por Estados Unidos contra la República de Cuba. De hecho, el pasado mes de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó, una vez más, una resolución con el apoyo de 188 países, dos en contra y tres abstenciones, una resolución condenando el boqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba.

La Carta de las Naciones Unidas en su Artículo 1, Inciso 2 establece que las relaciones entre las naciones deben estar basadas en el respeto al principio de igualdad de derechos y libre determinación de los pueblos. Por su parte el Artículo 2, Inciso 4 dispone que los miembros de las Naciones Unidas deben abstenerse en sus relaciones internacionales de la utilización de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado o de otras medidas inconsistentes con los propósitos de las Naciones Unidas.

El Artículo 6 de la Carta de la Organización de Estados Americanos, contempla que ¨ningún Estado puede usar o estimular el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier tipo, para coartar a otro Estado a fin de obtener de este la subordinación al ejercicio de sus derechos soberanos.¨

Las medidas de bloqueo establecidas por el gobierno de Estados Unidos a lo largo de más de medio siglo, además de violar la legalidad internacional, han conllevado para la República de Cuba efectos económicos que se calculan ascienden a más de 116,800 millones de dólares, mientras que las multas impuestas por Estados Unidos a entidades que mantienen relaciones con Cuba sobrepasan la suma de 11,500 millones de dólares.

La discreción con la cual contó en un momento el Presidente de Estados Unidos para levantar totalmente las sanciones económicas contra la República de Cuba quedó limitada mediante la Ley para la Democracia en Cuba (Ley Torricelli) de 1992 y la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática (Ley Helms Burton) de 1996. Hoy corresponde tal facultad al Congreso y al Senado mediante legislación que ha de firmar el presidente de Estados Unidos. Sin embargo, aun así, el Presidente cuenta con el poder de hacer más flexibles con relación a Cuba algunas de las medidas que al presente existen.

Resulta del todo contradictorio que estados políticos con sistemas económicos diferentes al sistema económico de Estados Unidos, particularmente países con los cuales este último sostuvo profundas discrepancias de naturaleza política, económica, ideológica y militar como son los casos de la República Popular China y la República Socialista de Vietnam, a pesar de ese pasado conflictivo, hoy Estados Unidos sostenga relaciones políticas, comerciales y diplomáticas plenas, con beneficio común con cada uno de dichos Estados, habiendo normalizado sus relaciones.

El diferendo político entre Estados Unidos y la República de Cuba al presente constituye un resabio de la Guerra Fría ya concluida desde finales del pasado siglo entre las principales potencias a escala global. El discurso oficial de Estados Unidos hacia Cuba desde la década de 1960 sigue sosteniéndose en la histeria anticomunista típica de la era el macartismo en dicho país. A lo anterior se suma, al menos hasta hoy, la insistencia de Estados Unidos de que Cuba es un Estado que practica el terrorismo a pesar de que no cuenta con pruebas que sostenga la acusación. Por el contrario, si algo ha distinguido a Cuba son sus esfuerzos dirigidos en las pasadas décadas a servir de interlocutor y mediador en la solución de importantes conflictos armados en la región provocados y sostenidos por dictaduras y gobiernos afines a los intereses de Estados Unidos.

La normalización de las relaciones políticas, económicas, diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Cuba anunciada el pasado miércoles por los presidentes de ambos países, es un paso positivo en el desarrollo de ambos estados y de beneficio para ambos pueblos. Es además, un paso importante en la distensión de los conflictos y en las aspiraciones de paz para la región. Se trata de otro cambio cualitativo en la historia, constituyendo posiblemente el evento de mayor significado en las relaciones entre ambos pueblos en los pasados cincuenta años. Como consecuencia de las negociaciones llevadas a cabo por ambos gobiernos, con la intervención como mediador de Su Santidad el Papa Francisco, y con el apoyo en dicha gestión del gobierno canadiense al facilitar su territorio para el desarrollo de las negociaciones, se alcanzó también un acuerdo que incluyó la excarcelación por parte de la República de Cuba del prisionero estadunidense Allan Gross, así como por la parte estadounidense, de los prisioneros políticos cubanos en cárceles de Estados Unidos Antonio Guerrero Rodríguez, Ramón Labañino Salazar y Gerardo Hernández Nordelo.

Es nuestra esperanza que este paso inicial pero significativo en las relaciones entre ambos Estados marque la etapa final en el proceso de normalización absoluta de las relaciones entre ambos países y contribuya al fortalecimiento de los lazos de amistad y solidaridad entre ambos pueblos. Confiamos en que el paso dado mediante los acuerdos informados el pasado 17 de diciembre sirvan de base y experiencia a ambos países para crear el clima necesario que les lleve a un total y absoluto restablecimiento de relaciones políticas que conduzca a la eliminación de todas las sanciones establecidas por Estados Unidos al gobierno de la República de Cuba, poniendo final al Bloqueo impuesto desde el año 1962.

El 15 de julio de 2010, dentro del marco de la excarcelación por parte del gobierno de Cuba con la mediación de la Iglesia Católica en dicho país y del Estado español de un grupo de 75 personas convictas de actividades delictivas que incluyeron el financiamiento por parte de una potencia extranjera de acciones en perjuicio del gobierno constitucional de la República de Cuba, expresamos lo siguiente:

«Como en otras ocasiones en que se han dado saltos históricos en las relaciones entre estados donde la hostilidad ha sido una constante, los pasos iniciales son pasos iniciales periféricos. ¡Estos allanan en todo caso el camino hacia importantes e históricas decisiones!

»No podemos tampoco obviar en estos momentos el contexto internacional creado entre Estados Unidos, Inglaterra y la Federación Rusa en el marco del intercambio de prisioneros acusados y encarcelados por espionaje respectivamente y la opinión mundial favorable a este tipo de iniciativas. En el caso cubano, existen cinco prisioneros cubanos en cárceles estadounidenses que ya han extinguido 10 años de sus condenas en ese país, a la vez que existen prisioneros en Cuba, incluyendo estadounidenses, convictos de actividades llevadas a cabo contra la seguridad del Estado que incluyen el espionaje, los cuales también extinguen penas de prisión.

»Un intercambio general de prisioneros sería  un salto cualitativo en el mejoramiento de las relaciones políticas entre Estados Unidos y Cuba, que unido a medidas que lleven al final del Bloqueo impuesto contra Cuba y la normalización de las relaciones entre ambos estados, significaría en definitiva el fin de un largo período de Guerra Fría que adelantaría los mejores intereses y propósitos de la Humanidad.»

Han transcurrido ya cinco años y medio. Hoy desde la distancia vemos quizás el resultado de aquellos primeros pasos.

A pesar de la alegría que nos embarga en que se hayan dado estos importantes pasos en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, ciertamente nos entristece que el Presidente Obama aún no haya ejercido sus facultades ordenando también la excarcelación del prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera. A pesar de ello albergamos la esperanza en que ese mismo sentido de humanidad que guió al presidente de Estados Unidos en el proceso de decretar la liberación de los prisioneros cubanos en cárceles estadounidenses, eventualmente, más temprano que tarde, sea el mismo que le guie con la mayor premura posible en la liberación de Oscar López Rivera.

Esta victoria del pueblo cubano la asumimos como  una victoria de todos aquellos y aquellas que a lo largo de estos años han perseverado en la solidaridad con el pueblo cubano, sus luchas, sus esperanzas y su Revolución.

El Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, estando en la ciudad de Nueva York escribió en el periódico Patria el 22 de septiembre de 1894, unas palabras que bien podrían servir hoy como homenaje al pueblo cubano en su justa lucha en defensa de su Revolución:

«Solo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria. Y aún ha de ser el deber cumplido en beneficio ajero, porque si va con él alguna esperanza de bien propio, por legítimo que parezca, o sea,  ya se empaña y pierde fuerza moral. La fuerza moral está en el sacrificio.»

Esa fuerza moral que se sostiene en el caso de Cuba en el sacrificio de sus hijos e hijas, es la misma que ha obligado a reconocer al presidente Barack Obama en su mensaje al pueblo estadounidense, que más de cincuenta años después de imponer al pueblo cubano el criminal Bloqueo, quien ha quedado aislado del mundo no es Cuba sino Estados Unidos; que los intentos hechos por el gobierno de Estados Unidos por lanzar a Cuba al colapso en el pasado medio siglo no han servido.

Todavía queda una gran distancia por recorrer en el proceso de normalización de las relaciones entre ambos países. La experiencia del pasado medio siglo nos dice que el pueblo cubano tiene no solo la paciencia, sino también la confianza en su dirección política y su voluntad para avanzar en la lucha por romper el muro que representa el Bloqueo impuesto por Estados Unidos a la par que defiende y profundiza su Revolución. Esa lucha, como la describía Martí, es tarea de grandes.

Mensaje de Wilma Reverón, ante liberación de los Héroes cubanos

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Por Wilma E. Reverón Collazo / Copresidenta del MINH

“Felicitamos a ambos dirigentes, al Comandante Presidente Raúl Castro y al Presidente Barack Obama por haber tenido la capacidad de dialogar para poner fin a una anomalía internacional. Esta decisión es un paso correcto hacia el objetivo adoptado por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) precisamente en La Habana, de convertir el hemisferio americano en una zona de paz. Ahora solo falta trabajar hacia el objetivo de convertirlo en una zona libre de colonialismo.”

El Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), expresa su inmensa alegría ante la excarcelación de los héroes cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero y ante la decisión de los gobiernos de Cuba y EEUU de reestablecer relaciones diplomáticas.

Felicitamos a ambos dirigentes, al Comandante Presidente Raúl Castro y al Presidente Barack Obama por haber tenido la capacidad de dialogar para poner fin a una anomalía internacional. Esta decisión es un paso correcto hacia el objetivo adoptado por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) precisamente en La Habana, de convertir el hemisferio americano en una zona de paz. Ahora solo falta trabajar hacia el objetivo de convertirlo en una zona libre de colonialismo.

Esperamos que cónsono con la decisión de Cuba de liberar al preso norteamericano Alan Gross, quien estuvo encarcelado por 5 años por actividades de espionaje en Cuba, asimismo, por razones humanitarias, el Presidente Barack Obama tenga el mismo gesto humanitario con nuestros patriotas independentistas, Oscar López encarcelado por mas de 33 años, y a Norberto González Claudio.

Nuestro abrazo al pueblo cubano y a sus dirigentes que han resistido durante más de 60 años el embargo y la agresión de EEUU sin claudicar en un solo principio, y en especial por el apoyo inclaudicable a nuestra lucha por la independencia.

Esperamos que pronto se establezca el puente aéreo entre nuestras dos patrias y que juntos nos dirijamos a cumplir el sueño de los libertadores de América, Bolívar, Martí y nuestros patriotas Betances y Hostos, de una América Latina unida en hermandad, paz y prosperidad.

2015: Que aporten los que pueden

Por Noel Colón Martínez / MINH

El gobernador Alejandro García Padilla tiene una muy particular manera de reaccionar a las manifestaciones de crisis de liderato en su partido. Tan pronto se hace pública alguna crisis de liderato, él aparece acompañando a algún alcalde u otro funcionario en la inauguración de algún proyecto de infraestructura o algún proyecto de desarrollo económico.

Se le está haciendo entender al país que los grandes proyectos que diz que crearán muchos empleos no le permiten consumir su tiempo en las importantes disidencias que él considera como meras nimiedades. Lo importante es lo que él está haciendo con los proyectos del noroeste, con el desarrollo de Ceiba, con su interés en convertir a Puerto Rico en un gran centro para el desarrollo de empresas aeroespaciales.

Se nos dice que ya contamos con más de 5,000 personas empleadas en la industria aeroespacial y que pronto estaremos desarrollando una industria dedicada a la manufactura de componentes aeroespaciales. Además del proyecto de Lufthansa, se habla con familiaridad sobre las inversiones de Honeywell, Lockheed Martin y otros gigantes de la industria. Se nos dice que Puerto Rico es un lugar alterno a la Florida para el establecimiento de una base para el lanzamiento de satélites porque su lanzamiento al espacio se disminuye en 5000 millas por estar más cercanos al ecuador.

No se trata de otro esfuerzo de desarrollo económico al estilo de manos a la obra de la década del cincuenta del pasado siglo. Se nos ha dicho que el ingrediente más importante que hizo posible el proyecto de Lufthansa lo realizó el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden. Muchas de las empresas que se mencionan o se han establecido forman parte de ese complejo militar-industrial que en su momento denunció el presidente Eisenhower como el elemento más corrosivo de la sociedad norteamericana.

A mi juicio el movimiento de ese tipo de empresas no va a aportar significativamente a la disminución del desempleo pues se trata de alta tecnología que, a fin de cuentas, contribuye con inversiones planificadas dirigidas a obtener grandes beneficios llevando la utilización del recurso humano al mínimo. Todo ello sin mencionar las enormes inversiones que está haciendo y tendrá que continuar haciendo nuestro país para que se instalen e inicien operaciones.

Honeywell invertirá en mi pueblo de Moca cerca de 30 millones de dólares en un laboratorio de complejas pruebas electromagnéticas utilizando la más avanzada tecnología relacionada con el ambiente, que eventualmente creará 310 empleos, según publicado en Caribbean Business.

En términos generales no debemos ponerle trabas al desarrollo económico, pero cuando ese desarrollo económico es foráneo y se establece con controles foráneos, por lo menos debemos considerar seriamente si vamos a utilizar los pocos poderes que se nos reservan para asegurar que vienen a contribuir con el bienestar de nuestro país. Ya vemos que no lo harán empleando puertorriqueños de manera significativa. Entonces nos queda el recurso de imponer contribuciones que atiendan responsabilidades sociales que ellos están obligados a compartir.

Ahí volvemos a encontrarnos con el Gobernador y sus dificultades con la legislación que aumenta la contribución al petróleo. El representante Natal no sólo manifestó su oposición a esa legislación sino que sugirió que se considerara revisar la imposición contributiva sobre las corporaciones que exportan sus ganancias producidas en Puerto Rico a los fines de evitar una nueva contribución a la clase media y pobre de este país.

Los asesores fiscales del Gobernador no sólo rechazaron la propuesta de Natal sino que la descartaron de manera impropia pues en esa etapa de las discusiones el Gobernador creía que él podía imponer algo así como un todo o nada a sus legisladores. Se le olvidó que está pendiente una reforma contributiva que deberá ir a la consideración de la Legislatura. Esa actitud del Gobernador endureció la oposición a la llamada crudita con el resultado de que la Asamblea Legislativa le desfiguró totalmente el proyecto original y lo obligó, con alto costo para su liderato político, a negociar todo lo que se había rechazado en sus primeros amagos de extrema arrogancia.

Este país debe exigirle a esa Asamblea Legislativa que cuando consideren en enero el proyecto de reforma contributiva no pasen por alto que sin programa de manos a la obra Estados Unidos está promoviendo un proyecto hegemónico de grandes inversiones para Puerto Rico, con claro tinte militar-industrial, al que Puerto Rico debe imponer contribuciones que realmente aporten a nuestro bienestar general. El mal ejemplo de las 936 no debe repetirse.

¡Saludos y Felicidades!

2014: del deterioro progresivo del ELA a la confianza en el porvenir

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Por Julio A. Muriente Pérez / Copresidente del MINH

El año 2014 se ha caracterizado en Puerto Rico por la manera como se ha acentuado el deterioro del modelo económico, político y social establecido hace más de seis décadas, en el marco de la Operación Manos a la Obra y el Estado Libre Asociado.

Hay unos indicadores que muestran de manera elocuente este proceso de descomposición social, que se ha manifestado con fuerza singular durante los pasados treinta años. Uno de ellos tiene que ver con la inseguridad social y la violencia. Otro se relaciona con la inestabilidad económica, el desempleo y el encarecimiento de la vida. Otro más se relaciona con asuntos tan importantes como lo son la educación formal y la salud.

Una consecuencia dramática de esta compleja y deteriorada situación del País, es la emigración masiva. Alrededor de un millón de compatriotas ha abandonado Puerto Rico durante las pasadas dos décadas; desalentados, cansados e inseguros, buscando ansiosos alguna seguridad personal y familiar. Otra consecuencia igualmente seria del desgaste indetenible del ELA es el sentido peligrosamente generalizado en nuestra población, de que no hay nada que hacer ni buscar; que todo se desploma inevitablemente y que no hay salida o luz al otro lado del túnel.

Un sector golpeado contundentemente por este cuadro desalentador es la juventud. Le ha tocado a nuestros jóvenes heredar un país en crisis creciente, con un porvenir incierto, sin importar si se tienen destrezas de trabajo o incluso si se va a la universidad.  Esto no fue lo que prometieron los promovedores de la modernidad en el capitalismo colonial, que participaron en la conversión de Puerto Rico en un enclave industrial estadounidense. Tampoco fue lo que padres y madres de miles de niños y jóvenes querían dejar en herencia a sus hijos e hijas.

Una crisis estructural

La responsabilidad histórica de toda esta situación va más allá de los partidos políticos y las diferentes administraciones que han controlado el gobierno colonial. No se trata de Alejandro o Fortuño, de Sila o Rosselló, de Ferré o Muñoz. Claro que cada una de esas administraciones tiene una dosis de responsabilidad en lo que ha sido el Puerto Rico de las pasadas décadas que hoy se nos presenta maltrecho y sin oxígeno. Pero el origen del problema va más allá.

Si hoy se dispara el desempleo, si la gente se va del País, si la insolvencia se apodera del discurso gubernamental, si el parasitismo cuponero es opción única para muchas familias, si la violencia y la droga campean por sus respetos, si las escuelas están manga por hombro, si el desasosiego es la orden del día; todo ello es en mayor o menor medida consecuencia de un sistema político, económico y social montado sobre la ausencia absoluta de poderes, sobre el enriquecimiento de unos pocos—sobre todo extranjeros—a costa del endeudamiento y el empobrecimiento de la mayoría, sobre la dependencia en el capital externo y la ausencia de desarrollo propio, sobre el consumismo desenfrenado y enfermizo, sobre la mediocridad y la incompetencia en la gestión administrativa y gubernamental.

No es el gobierno de Alejandro García Padilla y el PPD el que está en crisis en 2014, con todo y lo incompetente que pueda ser. Es el Estado Libre Asociado, que ya no aguanta más. Es la colonia, que hace agua. Es el modelo de industrialización por invitación, que ya no logra atraer inversionistas extranjeros. Es el abandono de la tierra, en un país en el que menos del 2 por ciento de la actividad económica proviene de la agricultura, mientras más del 85 por ciento de todo cuanto consumimos viene de afuera. Es el deterioro del tejido social, plagado de violencia, droga e infelicidad.

Creer en el porvenir

Pero no se trata de meramente proyectar una visión catastrófica de la situación del País. No es cuestión de flagelarnos o sentir que todo está perdido. No. Este es el momento preciso de evaluar cómo y de qué manera hemos llegado hasta aquí y de considerar seriamente cómo habremos de seguir adelante como sociedad.

El discurso de colonialistas y anexionistas es el discurso de la impotencia, de la imposibilidad, de la dependencia y la subordinación. No acaban de reconocer que la fiebre no está en la sábana. Unos y otros están en negación sobre la real naturaleza de la crisis económica, política y social que enfrenta Puerto Rico en 2014.

Nuestro discurso, en cambio, tiene que ser distinto, profundamente distinto. Nosotros y nosotras creemos en el porvenir en libertad. Creemos que tenemos la capacidad de generar riqueza para toda la población. Nos sentimos más que preparados para mandarnos a nosotros mismos, tras más de cinco siglos de que nos manden otros. Estamos dispuestos a trabajar la tierra, a producir alimentos, a organizar una economía autogestionaria y próspera, a comerciar libremente con el mundo, a imponer la eficiencia y la solidaridad social.

Nosotros y nosotras creemos, a diferencia de los colonialistas y anexionistas, que otro Puerto Rico es posible, en libertad y felicidad. En todo caso son ellos, los colonialistas y anexionistas, quienes han fracasado, quienes nos han traído a este callejón sin salida y ahora no saben qué hacer.

2014 puede ser un año que marque diferencias, una suerte de parteaguas entre el ayer, el hoy y el mañana. Pocas veces ha estado tan clara en nuestra historia la incapacidad de colonialistas y anexionistas, de construir un País para beneficio de todos. Pocas veces como ésta la historia nos ha provisto a quienes creemos en la plena libertad nacional, de la posibilidad de avanzar decididamente en la ruta de un Puerto Rico mejor.